Super Mario 64: un viaje hacia lo desconocido
La llegada de la primera Sony PlayStation al mercado supuso un duro golpe de realidad para Nintendo.
Desde la época de Famicom, las grandes compañías de videojuegos sabían que el futuro del medio estaba en el CD-ROM, al ofrecer, entre otras ventajas, una capacidad de almacenamiento de datos superior a la de los cartuchos. Por este motivo, Nintendo, que ya había experimentado con otros formatos con la Famicom Disk System —un periférico para Famicom que permitía leer juegos en formato disquete—, llegó en 1988 a un acuerdo con Sony para desarrollar en conjunto un periférico similar para Super Nintendo y hacer que esta fuese capaz de leer juegos en formato CD. Con el tiempo, el proyecto evolucionó y acabó en el desarrollo de una nueva consola de la marca Sony compatible tanto con CDs como con cartuchos de Super Nintendo. Había nacido la PlayStation.

Al principio, el acuerdo parecía dar sus frutos y tanto Sony como Nintendo trabajaron para crear un prototipo de esta nueva consola. Sin embargo, un giro inesperado hizo que, dos días antes de su presentación oficial en el CES de 1991, Nintendo rompiera unilateralmente el acuerdo al no fiarse del todo de las intenciones de Sony y delegara en secreto el proyecto del periférico a Philips. A cambio, esta podría producir juegos de algunas de las licencias más importantes de Nintendo, como Mario o Zelda, para su Compact Disc Interactive (CD-i).
Este evento, considerado por Sony como una gran traición, desembocó en 1993 en el anuncio de una consola propia: la Sony PlayStation, la cual llamó la atención por su énfasis en los gráficos 3D poligonales, su bajo coste, el uso de CDs como formato principal y una publicidad mucho más enfocada a adolescentes y adultos. Aun así, esto a Nintendo no le preocupaba. Sony era vista como una novata dentro de la industria y Nintendo 64, que ya había comenzado su desarrollo, prometía ser considerablemente superior a lo visto en PlayStation.
Pero todo se torció. El lanzamiento de PlayStation en 1994 fue mejor de lo esperado, vendiendo alrededor de 300.000 unidades en su primer año en Japón. Además, el anuncio de que la próxima Nintendo 64 seguiría usando cartuchos en vez de CDs generó muchas dudas y provocó que grandes desarrolladoras como Square Soft mirasen con mejores ojos a la sobremesa de Sony. Ante esta situación, Nintendo se vio obligada a retrasar la consola. Todo estaba saliendo mal y necesitaban traer de vuelta la atención del público y de los desarrolladores. Necesitaban un golpe sobre la mesa, y quién mejor para darlo que Mario.
Saltando hacia una nueva dimensión
Movernos en entornos 3D es algo normal en los videojuegos actuales, pero esto no fue siempre así. Según Yoshiaki Koizumi, ayudante de dirección del juego y actual director general de Nintendo EPD, el desarrollo de Super Mario 64 fue muy desafiante por este motivo. Para entonces ya existían algunos juegos con gráficos tridimensionales, sí, pero la tecnología seguía siendo muy novedosa y no había ninguna base real desde la que partir. De hecho, según explica, gran parte del proceso creativo se basó en la experimentación: en ver, por puro ensayo y error, qué cosas encajaban e ir añadiéndolas al juego poco a poco.

Elementos como la cámara libre o colocar una sombra bajo los pies de Mario cuando este salta nacieron aquí. Incluso se llegó al punto de modificar el mando de Nintendo 64, que en ese momento estaba todavía en desarrollo, para que incluyera un joystick analógico y cuatro botones adicionales que permitieran al jugador moverse y controlar la cámara más fácilmente.
Hasta el momento, las habilidades de Mario consistían en poco más que saltar, bucear o agarrar y lanzar objetos. Esta base, aunque se mantuvo en Super Mario 64, se sentía limitada en el nuevo entorno 3D. Por eso se añadieron nuevos movimientos, como puñetazos, patadas y distintos tipos de salto que aprovechaban la profundidad del escenario. Sin embargo, acostumbrar a los jugadores al 3D a la vez que se les exigía moverse con precisión usando movimientos nuevos era algo impensable. Por eso, el primer escenario que pisamos al poco de comenzar la partida es el jardín del castillo: un lugar vacío, libre de obstáculos y enemigos, en el que cada uno podía practicar a su ritmo.
Puede que, a día de hoy, con el paso de los años, jugar a Super Mario 64 no sea lo más cómodo del mundo, sobre todo por su cámara y una inercia algo exagerada. Aun así, la obsesión del equipo de desarrollo, que no paró hasta perfeccionar lo máximo posible el sistema de movimiento, hizo que el simple hecho de moverse fuese divertido, demostrando una maestría mecánica inigualable y ofreciendo una libertad de movimiento nunca antes vista en la saga, convirtiendo a este juego en una de las piedras angulares del plataformas 3D.
Rompiendo moldes
Una vez probados los controles y tras conocer a Lakitu —un NPC que hará incluso más sencillo de entender el concepto de cámara libre—, entraremos al castillo de Peach, que actuará como hub central desde el que acceder a los distintos mundos. Aquí, un ángulo de cámara perfectamente calculado nos guía de forma sutil hacia la sala que contiene el acceso al primero de ellos: el famoso Bob-Omb Battlefield.

Al saltar dentro del cuadro que nos da acceso al mundo, aparecerá un menú con una estrella a seleccionar y un pequeño texto que nos da lo que parece ser una pista de cómo conseguirla. Al principio, si no sabemos nada del juego, puede dar la sensación de que el nivel consistirá en seguir un camino predefinido hasta llegar a dicha estrella. Pero pronto descubrimos que eso no es del todo así.
De camino a la cima de la montaña, donde nos espera el rey Bob-Omb, nos toparemos con un chomp cadenas y, tras él, una jaula con… ¿otra estrella? Puede que en ese momento pasemos de largo, pero tarde o temprano nos daremos cuenta de que las estrellas de cada nivel no tienen un orden fijo. Y ahí está la clave
Mientras que los juegos anteriores consistían en atravesar niveles lineales hasta llegar al final, Super Mario 64 basa su estructura en la exploración. El objetivo no es atravesar obstáculos hasta llegar a un banderín, sino buscar y recolectar, en el orden que queramos, las 120 estrellas repartidas por los mundos. De hecho, que volvamos al castillo tras conseguir cada estrella no es casualidad: es el juego diciéndonos que no tenemos por qué acabar un mundo antes de afrontar el siguiente. Somos nosotros los que decidimos a dónde ir a continuación, tanto dentro como fuera de los niveles.
La creatividad como eje central de la experiencia
Si hay algo que define a la saga Super Mario, es la imaginación de sus creativos a la hora de diseñar situaciones. Este punto lleva siendo marca de la casa desde el primer Super Mario Bros., pero en Super Mario 64, aprovechando las posibilidades que ofrecía el nuevo entorno 3D, se quiso ir mucho más allá.
A lo largo del juego, Mario viajará por todo tipo de lugares. Algunos de ellos nos sonarán, como el típico mundo desértico, uno congelado u otro cubierto de lava. Pero la cosa no se queda ahí, ni mucho menos. Además de los ya mencionados, el juego nos ofrece mundos mucho más imaginativos, hasta hacer un total de 15, que van desde una torre de piedra, pasando por una casa encantada hasta incluso un reloj de pared. Cada uno de estos lugares contará con sus propias mecánicas y desafíos: participaremos en carreras, afrontaremos retos de plataformeo, resolveremos puzles, recolectaremos monedas, lucharemos contra jefes finales… ¡Incluso algunos mundos cambiarán dependiendo de la estrella que elijamos o de cómo entremos a ellos!
Además, como si esto fuera poco, el propio castillo de Peach también es un mundo en sí, con niveles ocultos, estrellas secretas e interruptores que nos permitirán desbloquear hasta tres transformaciones temporales dentro de las fases, que cambiarán por completo el gameplay y nos darán acceso a nuevas estrellas.
Este cambio constante de entornos y dinámicas, unido a la libertad que te da el juego a la hora de afrontar sus fases, hacen que Super Mario 64 se sienta como una experiencia muy ágil, sorprendente y, sobre todo, divertidísima. A veces hasta cuesta creer que algo así fuese posible en 1996.

Artística y sonoramente inmortal
En su momento, Super Mario 64 fue visto como un portento técnico. La potencia de Nintendo 64 era notable y, aunque a nivel de rendimiento tenía sus idas y venidas, explorar un mundo tridimensional con esa calidad se sentía casi como un sueño. Además, su diseño artístico, agradable y carismático, tuvo muy buena recepción en general e hizo que el juego se mantuviera vigente durante mucho tiempo.
En lo sonoro, poco se puede añadir que no se haya dicho ya. Dudo que muchos estéis en desacuerdo si digo que estamos ante una de las mejores bandas sonoras o, al menos, una de las más icónicas de la historia del videojuego. Koji Kondo, conocido por haber trabajado en el resto de juegos de Super Mario y otras sagas como The Legend of Zelda, firmaba de nuevo una banda sonora histórica, repleta de temas tan pegadizos y tan bien hechos que han trascendido al propio videojuego y que a día de hoy no son otra cosa que parte de la cultura popular.
Conclusión
El salto al 3D del fontanero italiano más famoso del mundo supuso un antes y un después en la industria. Vendiendo casi 12 millones de unidades, fue el golpe sobre la mesa que Nintendo necesitaba tras el tropezón con Sony y su PlayStation.
Estamos hablando de un juego que ha dado lugar a miles de artículos, libros, memes, que es uno de los pilares de la comunidad del speedrunning y que ha influenciado —y sigue influenciando— a una cantidad ingente de videojuegos. Desde el nacimiento del joystick analógico hasta la cámara libre, Super Mario 64 es y será una de esas grandes obras inmortales del medio. Puede que el tiempo haya hecho que algunas de sus mecánicas se sientan anticuadas, pero eso no quita que todavía sea un juego tremendamente disfrutable.
Super Mario 64 es, en esencia, la definición perfecta de lo que significa Super Mario: un juego que, por mucho que pasen los años, continúa sorprendiendo por su calidad y su creatividad a la hora de proponer ideas. Una aventura que marcó a generaciones enteras y que seguirá viviendo para siempre en el corazón de todos sus jugadores.

- Su sistema de movimiento es increíblemente divertido y ágil
- A nivel visual supone un salto increíble con respecto a las entregas 2D
- Original y variado hasta un punto enfermizo
- El paso del tiempo ha hecho que algunos elementos, como la cámara, se sienten algo anticuados
- A nivel de rendimiento deja algo que desear, con caídas de frames muy notables

Una joya eterna <3
Me encantan vuestras reseñas retro 👏🏻 se nota el cariño que llevan hacia juegos que pertenecen a la infancia de muchos
Qué viaje más nostálgico 🤭
Leer el artículo me ha hecho recordar lo especial que fue descubrir Super Mario 64 por primera vez y perderme explorando sus mundos durante horas. Es increíble cómo un juego de hace tantos años sigue siendo tan importante y tan recordado hoy en día.
Grande Fran, se nota el cariño con el que lo has escrito y creo que es un homenaje perfecto para celebrar el MAR10 DAY ♥️♥️